Regalo de media noche, por J. Z.

Estándar

Rompe el silencio, salúdame.
Ven aquí y dame buenas noticias.
Dime que la carcajada de tu madre es omnipresente,
que tu hermano aprendió a expresar su cariño sin camuflaje alguno
y que a tu padre se le alisó el ceño.

Cuéntame cómo el flirteo de la muerte es nada cuando sientes cuán orgullosa está de ti la Mona,
la admiración que el marino siente hacia su bióloga
y el infinito amor que todos tus amigos sienten hacia su cachetona;
cómo cualquier nostalgia del pasado y ansiedad
del futuro se desdibujan con la riqueza del presente
y cómo tus heridas infectadas día a día tornan
a un color más favorable y cierran definitivamente.

Confiésame que algo ha sucedido y de nuevo ves colores (cuántas veces habré soñado ya con que soy yo el motivo),
que ellas dejaron su huella y en tus ojos hay 3 luceros;
que las dificultades, a pesar de su cantidad, no han logrado minar
aquella esencia tan tuya pero que debería estar en todos.

Dime que de sueños conoces ya cuánto se me ocurra contarte,
que eres tan mujer como niña, que sigues sonriendo con el alma,
dándole importancia a cosas cotidianas, hablando con seres que no pueden responderte así como contigo misma
y que sigues ejercitándote mientras te duchas.

Mientras tanto, esperando sea novedad, comento que mi tarea es encontrar día a día belleza en el mundo y, ante tan ardua tarea, constantemente eres un feliz punto de partida.

Estándar

… Y me haces tanta falta, no sé cuando te perdí, pero de un momento a otro estábamos aún en el mismo planeta pero no en el mismo camino.. Y duele tanto saber que te perdí y que no tuve tiempo de decirte adiós. Sólo espero que los vientos huracanados jamás se lleven lo que me queda de ti en el alma y te lleven un poco del amor que por ti siento.

Abril 28 de 2012